Resistencia, destierro y olvido
06.06.2012 ·
Asamblea en el campamento (Generación
Amistad)
“La madrugada del 8 de noviembre (2010) en la que los marroquíes asaltaron el campamento de Gdeim Izik, yo estaba de guardia ya que era uno de los encargados de la seguridad. Me golpearon, me metieron en un furgón y me vendaron los ojos. No recuerdo nada más hasta que aparecí en una celda con 40 personas. Me habían golpeado tanto el brazo derecho durante el camino, que me hicieron perder el conocimiento”. “Estuve 20 días en la cárcel sin dejar de ser torturado, tiempo durante el cual, mi familia no supo nada de mí. Pensaban que había muerto. Me quisieron sobornar con dinero, un trabajo, pero yo respondí siempre que lo que quería era la libertad del pueblo saharaui, por lo que me volvían a torturar”. Descargas eléctricas en la cabeza y en lalengua, y quemaduras de cigarrillos, de las que todavía le quedan algunas secuelas en los brazos, son parte de las torturas a las que sometieron a Lakfir Kaziza, un joven activista saharaui de 22 años de edad que fue uno de los precursores del campamento de Gdeim Izik. “Un día me llevaron a una habitación en la que había unas cuerdas colgadas del techo. Los soldados me preguntaron cómo me lesioné el hombro y se lo dije, pensando que me colgarían del otro brazo. Sin embargo, durante siete horas me colgaron por el brazo lesionado y me golpearon hasta que se rompió.
Los huesos de la clavícula salieron por la piel y el hueso del brazo se salió del hombro”. Desde entonces Kaziza ha perdido la sensibilidad por completo de su brazo derecho, que lo lleva sujeto al cuerpo con un cabestrillo para evitar el dolor. “Cuanto más me torturaban, más decía Sáhara libre”, pretende dejar claro. Aún así, los ojos se le humedecen al relatar como tras esos 20 días, lo devolvieron a casa medio moribundo y lo lanzaron a los pies de su madre a quien amenazaron. “Le dijeron a mi madre que si contaba algo de lo sucedido volverían a por mí y a por el resto de mi familia”.
Kaziza Elfakair muestra las secuelas de las torturas
ejercidas sobre él durante su cautiverio en la cárcel.
“¿Cómo está el chico?”, se interesa por él una señora del vecindario bastante mayor, “es que lo veo tan frágil, tan jovencito, con eses ojitos claros tan tristes”, para añadir a continuación: “No hay derecho a lo que hace Marruecos. Yo estoy muy sensibilizada con la causa saharaui, pero lo que pasa es que la gente no sabe, o no quiere saber. Le conté lo que le estaba pasando a este chico a unas amigas, y ninguna pareció interesarse por ello”. La señora se despide asegurando que volverá a ver qué tal le va a aquel joven saharaui a quien apenas conoce, pero que le ha llegado a enternecer. Lo que la señora probablemente desconozca de Kaziza es que tras su aparente fragilidad, hay una gran fortaleza física y mental...
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